El primer minuto de un jugador debe responder tres preguntas: ¿qué puedo hacer, qué sucede cuando lo hago y por qué debería intentarlo de nuevo? Estas respuestas son más fáciles de entender jugando.

Comience con una sola acción. Deje que el jugador vea su resultado antes de introducir otra mecánica. Una respuesta pequeña y legible ayuda a conectar la entrada con el resultado.

Pruebe la apertura con alguien que nunca haya visto el juego. Mirar sin dar explicaciones. Los momentos en los que dudan son pistas útiles sobre controles, jerarquía visual y retroalimentación.

Este es un principio de diseño que queremos incorporar a nuestros juegos: dar espacio a la curiosidad, aclarar la retroalimentación e introducir complejidad a un ritmo que el jugador pueda seguir.